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The Zocos Rural Morocco. Jehan Mounir

Cada uno rivaliza en ingenio para hacer que los clientes potenciales se acerquen hasta ellos. Se gritan consignas de la frescura de los productos o de la belleza de sus colores y aromas, o del precio sacrificado por el que el vendedor se desprende  de ellos.

Los vendedores de verduras ocupan un lugar privilegiado en estos zocos de los pueblos. Las legumbres y verduras son esenciales en la alimentación, mucho más que la carne,  con la que muchos deben conformarse unos pocos días al mes. Los puestos dependen de las estaciones, ya que se venden los productos según las cosechas.

Recorriéndolos uno puede hacerse a la idea de si la cosecha ha sido o no satisfactoria, si ha llovido, las frutas y verduras están a precios módicos y en abundancia, si no es así, se nota la carestía. La lluvia es el termómetro de la economía del país, la conversación constante entre este mundo de campesinos. Todo, absolutamente todo depende de ella. Si llueve los pastos son abundantes, el cordero no alcanzará precios exorbitantes para el Aid el Kébir, si llueve habrá dinero para las dotes, se podrán enviar los niños al colegio, comprar los útiles y abonos para la tierra…

Zoco Rural
Zoco Rural

Los vendedores de carne se encuentran un poco más retirados, pues se considera que los olores pueden perjudicar a los visitantes. Entre el calor sofocante y el revoloteo de moscas y mosquitos, las cabezas de los animales se balancean suspendidas de un gancho. Esta presentación tiene una razón, expuesta así el comprador puede verificar la edad del animal del que adquirirá la carne, es casi como si la cabeza fuera el espejo del cuerpo.

Especias y remedios ocupan un lugar privilegiado ,los poseedores de tales mercancías ejercen un poder sobre las mujeres que charlan animadas entre los botes de preparaciones curiosas, o entre pieles de animales que servirán para remediar no se que males misteriosos. Algún charlatán se cuela entre ellos y lanza sus llamadas alertando de la bondad de sus remedios, únicos para tratar cualquier tipo de enfermedad, aprovechando la ignorancia de muchos de estos campesinos iletrados. Los Hlayki ( literalmente “los que hacen corros”) reúnen alrededor de ellos a las multitudes mientras cuentan historias, gesticulan o dan saltos acrobáticos.

Otra parte del zoco está ocupada por unos cuantos vendedores de ollas, cazuelas y platos para tajin. En los lugares en que la tradición de la alfarería es más fuerte suelen encontrarse a la salida del zoco grandes puestos con todos estos utensilios.

Enormes pilas de ropa usada en la que las mujeres se sumergen ávidas por encontrar algo a su gusto, útiles de labranza y aperos para los animales, ruedas usadas para los carros, muebles de múltiples procedencias, todo, o casi todo, tiene aquí cabida.

Mercadillo RopaInserviblesCargando en el Zoco

Pilas de ropa usada, recambios inverosímiles, todo tiene cabida en la joutia 

La joutia es la parte del zoco en la que se pueden encontrar toda una colección de objetos inimaginables, aquellos que uno pensaría que han desaparecido para siempre de la faz de la tierra. Originalmente nació como una especie de rastro en el que cualquiera podía vender un objeto al mejor postor en subasta pública.  Los potenciales compradores peregrinaban buscando pagar un precio mínimo. Poco a poco la joutia se ha ido asociando a todos los pequeños zocos rurales y convirtiéndose en un cafarnaúm de objetos varios, piezas de recambio, viejos artilugios casi inservibles, joyas antiguas, teteras  que han conocido tiempos mejores, y todo tipo de  electrodomésticos o enseres. En ellas muchos emigrantes venden los artículos traídos de fuera y esperan así sacar un dinero extra durante sus vacaciones. El espacio dedicado a esta actividad se ha ido agrandado con el tiempo y algunas joutias  son ya inmensas, como Derb Gallef y Derb Korea en Casablanca.

Al abrigo del zoco muchos oficios ambulantes plantan en ellos sus tiendas durante unas horas. No pueden faltar los peluqueros, dentistas o videntes. Las tiendas se suceden unas al lado de otras formando calles dedicadas a un solo oficio o a varios. Hay pequeños zocos rurales conocidos por su profusión de una u otra profesión.

También hay cafés o pequeños restaurantes en los que poder degustar tajines o un simple té a la menta. 

Peluquería
Cafe Zoco

Peluquería

Café del zoco

Pasearse entre esta marea humana es un ejercicio  de equilibrismo, sobre todo cuando se intenta pasar desapercibido y no llamar excesivamente la atención, cosa harto complicada. Me gusta el ambiente del zoco, presiento la pulsión de las vidas de todas estas gentes que se arremolinan entre los puestos, me gustan los olores, los gritos de los comerciantes, la música, los juegos de los niños, el olor a tierra y a verduras, a menta fresca y a especias, incluso los olores desagradables tienen aquí una connotación distinta. Uno puede toparse con una verdadera cohorte de los milagros, desde locos salidos de no sé que planeta lejano que desvarían y crean alrededor corros de curiosos, a otros que se dicen poseídos de algún demonio. Mujeres que leen en la mano la buenaventura, o que dibujan maravillosos diseños con henna, sanadores varios que ofrecen sus servicios a voz en grito, curiosos que se pasean indolentes entre los puestos verificando la mercancía con esmero para no comprar nada, niños que corretean tras un aro de metal, viejos que se pasean al sol o que echan una partida de dominó agachados en cualquier espacio libre.



 
 

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