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Los A'i del río Aguarico. Fundación Antisana

El pueblo Cofán 

Los A'i (Cofán) han sido un pueblo que ha residido desde antes de la colonización hispánica en los amplios territorios fluviales de la Amazonía occidental que actualmente comprende la zona fronteriza de Colombia y Ecuador, delimitada por el río San Miguel, ubicada entre los ríos Guamués, afluente del Putumayo, al norte; y Aguarico, afluente del napo, al sur; por el oeste hasta el piedemonte andino y por el este hasta la desembocadura del dicho San Miguel en el Putumayo.

Esta región fronteriza, principalmente la denominada área del "Bajo Putumayo", ocupada por este y otros grupos amazónicos, ha sido desde muy antiguo una zona de grandes conflictos interétnicos debido a los constantes trasiegos poblacionales protagonizados por diversos grupos humanos en la búsqueda de nuevos territorios de residencia.

Con la llegada de los españoles este cuadro se fue agravando paulatinamente. A medida que fueron apareciendo los españoles y sus avanzadas de soldados y misioneros a partir de 1551 y se fueron introduciendo nuevos patrones socio-económicos y culturales, se produjo una alteración profunda en el modo de vida tradicional que a la larga puso en peligro la supervivencia misma de estas culturas amazónicas notablemente adaptadas a su medio ambiente selvático. El fuerte impacto causado por la conquista y colonización hispánica produjo grandes resistencias por parte de los nativos, resistencias cuya impronta todavía puede encontrarse en los restos de la tradición oral que aún perdura entre los más ancianos y que refieren con inusual crudeza las guerras intertribales, las crueldades de los españoles, las acciones de los misioneros y las epidemias que destruyeron sus asentamientos, etc.


Período colonial 

Langdon divide la etnohistoria de la región en dos períodos: el Colonial y el Moderno. El período Colonial comienza en el siglo XVI y se extiende hasta el siglo XIX. Las primeras exploraciones de la región comienzan desde la ciudad de Quito, Archidona y San Pedro Alcalá del Río, fundados cerca del río Coca en 1536, fueron los primeros asentamientos hispánicos (Steward y Metraux 1948: v.3.651). En 1538 se fundó Ecija a orillas del río San Miguel, y en 1541-1542, Orellana recorrió el río Amazonas y llegó al territorio de los A'i. Ya en el siglo XVII las primeras exploraciones llegaron a la zona del Bajo Putumayo: Juan Sosa navegó por este río y a su viaje le siguieron otros, tales como los realizados por Reyes de Quesada y otros exploradores españoles. En 1599, el Jesuita R. Ferrer visitó a los A'i y fundó varias misiones que no prosperaron, retornando en 1608 y siendo asesinado por los indígenas en 1611. Ecija fue refundada por los jesuitas en 1606 luego de haber sido abandonada años antes, ahora con el nombre de Ecija de los Sucumbíos, para la reducción de aborígenes Sionas y Cofanes, etc.

Ya en esta época las órdenes religiosas encargadas de la evangelización procedieron a realizar una partición territorial para delimitar sus respectivas jurisdicciones: la región perteneciente a la actual Colombia quedó para los franciscanos y la perteneciente al Ecuador, para los jesuitas.

Así, en los siglos XVII y XVIII se fundaron varias misiones a lo largo del Putumayo que encontraron serias dificultades para su supervivencia debido al escaso número de misioneros existentes en ellas, las grandes distancias a recorrer, la resistencia belicosa de los indígenas y sus consecuentes rebeliones y asesinatos de sacerdotes y las grandes epidemias que diezmaron a las comunidades4 con el consiguiente desploblamiento de la región.

La acción misionera sobre los indígenas produjo cambios sustanciales que generaron un profundo rechazo, desconfianza y odio: los misioneros regalaban herramientas, abalorios y telas a los indígenas para atraerlos y organizarlos en comunidades centralizadas. Introdujeron el vestido y la monogamia, desarticulando las grandes familias de las "malocas" y establecieron asentamientos constituidos por viviendas unifamiliares alrededor de una plaza y una iglesia. Organizaron cabildos de tipo español con los cargos de alcalde, regidores y fiscales elegidos por los indígenas y establecieron un sistema de intercambio comercial por trueque con las regiones montañosas del país. En 1769, por causas ajenas a esta situación regional, los jesuitas debieron abandonar las misiones en Ecuador. Hubo un intento posterior de reactivar los viejos asentamientos misioneros del Putumayo, pero fracasó y la empresa no se volvió a intentar hasta fines del siglo XIX.

La evangelización de las culturas aborígenes produjo la incorporación de elementos regliosos católicos en la cosmovisión (sin modificar sustancialmente sus principales núcleos temáticos), la alteración de la organización social prehispánica (desaparición de la "maloca"), la creación de asentamientos urbanos de tipo español en las cercanías de las misiones, la celebración de ciertas fiestas católicas y, en algunos casos, el mantenimiento de los cabildos indígenas, así como la consolidación del chamán como dirigente político en detrimento de las anteriores formas de liderazgo.


Período moderno 

El período Moderno se extiende aproximadamente desde 1874 hasta 1960 y se caracteriza por el hecho de que esta región comienza a adquirir importancia económica para los nuevos estados de los cuales forma parte.

En 1874 comenzó la recolección de quinina y en 1900 la de caucho, lo que trajo aparejado el consiguiente aumento paulatino de la colonización blanca con sus trágicas consecuencias para los nativos. La necesidad de mano de obra indígena produjo un tipo de relación laboral conocido como "sistema del patrón", en el cual el recolector se apropiaba de parcelas de terreno y obligaba al indígena a trabajarlas por medio de la sujeción por deudas. Posteriormente, el ingreso de recolectores peruanos a la región ecuatoriano-colombiana activó el interés de los estados involucrados en la preservación y colonización del área.

En 1896 llegaron por primera vez a la región los padres capuchinos catalanes y fundaron una misión en Mocoa. En 1904 se creó la "Prefectura apostólica del Caquetá". La campaña evangelizadora de los Capuchinos se basó en la apertura de caminos, la fundación de nuevos pueblos y la construcción de carreteras. En relación a la "civilización" de los indígenas, se recurrió al establecimiento de internados a cuyas escuelas eran obligados a concurrir los niños indígenas. Los jefes chamanes tenían la obligación de asegurar la asistencia de estos niños bajo la amenaza de ser encarcelados si desobedecían. Se trataba severamente a los jóvenes intentando su asimilación a la cultura nacional por medio de la destrucción de sus propios valores culturales. Los internados y escuelas volvieron a los niños y jóvenes más vulnerables sanitariamente y las enfermedades y epidemias cobraron desde entonces numerosas víctimas.

Dos importantes elementos fundamentaron la política regional en esa época: el intento de civilizar a los indígenas para integrarlos a la sociedad nacional y la preservación de la soberanía territorial. Se fundaron nuevas poblaciones y se crearon divisiones administrativas regionales, se promovió el desarrollo del comercio y la defensa de las vías navegables y se dio comienzo al tendido de una red de carreteras, cuya construcción fue impulsada en gran parte por las necesidades de comunicación de las compañías petroleras llegadas a partir de 1950. El país de los A'i se convirtió en la principal zona de explotación petrolífera desde el comienzo mismo de los cateos exploratorios.



 
 

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