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Un Paraiso Aparte. Al abrigo de la Sierra de Gredos, “corazón pétreo de España” como lo definió en su día Unamuno, el Valle del Tiétar despliega su sorprendente llanura en la parte más meridional de la provincia de Ávila, dibujando un paisaje que impresiona y cautiva al mismo tiempo.
También conocida como la “Andalucía de Ávila”, esta región disfruta de un clima mediterráneo y alberga extensos bosques de coníferas y frondosas, además de olivares e incontables árboles frutales. Los cerezos y la riqueza de sus especies florales son ya una referencia en la provincia abulense para todos sus visitantes.
La zona, que alberga un grado de diversidad biológica de incalculable valor, se antoja como un lugar ideal para escaparse, perderse y disfrutar de una gran variedad de flora y fauna. Numerosos visitantes se acercan al Valle del Tiétar buscando su suave clima, sus grandiosos parajes naturales, su pasado histórico, un respiro del ruido y de la agitación de la ciudad.
Para llegar al Valle se pueden utilizar distintas vías de comunicación, como la N-V (carretera de Extremadura) o la CL-501 (carretera de los Pantanos), que recorre los pueblos de la zona.
Algunas de las localidades más destacadas de la región son Arenas de San Pedro, Sotillo de la Adrada, El Tiemblo, Cebreros, El Hoyo de Pinares, Candeleda y Pedro Bernardo.
Siglos de historia
Los restos artísticos y arqueológicos aúnan conjuntos palaciegos, pequeñas ermitas de gran encanto o la gran calzada romana que se extiende desde Cuevas del Valle hasta el Puerto del Pico.
Dos siglos antes de Cristo los romanos colocaron el empedrado de esa vía secundaria perteneciente a la Cañada Real Leonesa Occidental para atravesar la Sierra de Gredos por el abrupto Puerto del Pico, camino de las dehesas y los pastos invernales extremeños. En la actualidad es una de las calzadas romanas mejor conservadas en España.
De más historia aún, si cabe, son los vestigios celtas de sus castros, como el que resiste el paso de tiempo en El Raso en Candeleda. Con una superficie de alrededor de 20 hectáreas, este yacimiento de la Edad de Hierro contaba con alrededor de 300 casas y una población estimada en 1.500 habitantes.
Arenas de San Pedro debe su nombre a que en 1669 fue canonizado San Pedro de Alcántara. A cada paso por sus calles se pueden encontrar huella de su legado histórico. Así, resulta ineludible visitar el castillo del Condestable Dávalos o de la Triste Condesa, conocido así debido a que después del ajusticiamiento de don Álvaro de Luna en 1453, Juan II permitió que la villa permaneciera en poder de su viuda doña Juana de Pimentel, conocida popularmente con este sobrenombre.
Otro castillo, el de La Adrada, alberga en la actualidad el Centro de Interpretación del Valle del Tiétar. Fue mandado construir en el siglo XVI por deseo de don Álvaro de Luna. Edificado sobre una iglesia gótica, posteriormente se transformó en palacio renacentista porticado según el uso castellano. Por su parte, el castillo de Mombeltrán, ubicado en plena Sierra de Gredos, fue donado en el año 1461 por el rey Enrique IV a su favorito don Beltrán de la Cueva, antepasado del actual propietario, el Duque de Alburquerque.

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