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Sorteando montañas y carnavales

Rumbo perdidoLlegar a Purmamarca es, para el amante de las montañas, llegar un poco a su casa. Es un pueblo pequeño (que cada año crece más en complejos turísticos) rodeado de montañas multicolores y eternas que comprenden la Quebrada de Humahuaca.


Ahí está el cerro de los 7 colores y el camino de los colorados, un circuito de 4 km entre las montañas. Aprovechamos las noches para ver las estrellas y aprender a bailar chacarera en la tradicional peña “Entre amigos”. Los paisajes nos dieron ganas de caminar y recorrer, también de pintar y de dejar el tiempo pasar, un hobbies que sería ya una costumbre en muchos lugares de montañas.

cerro paleta pintor
Amor en rojo, los cerros de Purma

El día 23, tomamos un bus para llegar a Maimará. Buscábamos seguir disfrutado del las montañas y sabíamos que allí estaba el cerro Paleta de Pintor. Llegamos al mediodía con mucho calor y nos hospedamos en un camping con pileta de natación a un precio razonable. Luego de armar la carpa y establecernos, nos refrescamos aprovechando las instalaciones. Solo se hospedaban allí dos chicos y una chica sola. A la noche cocinamos normalmente y nos fuimos a dormir temprano. Al despertar, nos dimos cuenta que los chicos no estaban más, y tampoco la bolsa con comida que habíamos dejado afuera a falta de espacio en la carpa. Analizamos la posibilidad de que algún perro se haya llevado prolijamente la bolsa, pero pronto reconocimos que nos habían robado! Una sal, un aceite y otras pavadas que, si bien no eran caras, deberíamos volver a comprar. Resignadas, encomendamos a los ladrones al karma del camino que a la larga les daría su merecido. Esa tarde salimos a caminar y recorrer el pueblo, el cerro, el cementerio que está a la vera de la ruta 9 y decidimos volver para pasar el carnaval allí creyendo, erróneamente, que sería tradicional y tranquilo.

A la antigua El pueblo paleta de pintor
A la antigua El pueblo paleta de pintor

Cuando meses atrás habíamos pensado en nuestra fecha de inicio de viaje, habíamos acordado partir en febrero para llegar a vivir el carnaval en Jujuy. Imaginábamos rituales tradicionales de desentierro del diablo, bailes y vestimentas típicas y gente foránea acompañando los festejos desde el el respeto y el interés cultural. Definitivamente no habíamos googleado lo suficiente. Pasamos los días de desentierro en el pequeño pueblo de Maimará, que nos había encantado con su simpleza despojada. El camping se llenó de gente que viajaba al lugar para esa fecha, que bebía de sol a sol y no le importaba hacerlo desaforadamente frente a sus hijos y esposas. Presenciamos las situaciones propias de los excesos: peleas callejeras, gente orinando en la calle, etc. y nos preguntamos qué hacíamos en aquel lugar. Los rituales folklóricos que habíamos añorado quedaban solo en añoranzas, musicalizadas por cumbia que poco tenía que ver con las raíces indígenas que intentábamos rastrear. El desentierro de los niños, un poco más inocente, valió la pena.

carnaval
Carnaval de los niños.

Derrotadas, partimos hacia Humahuaca al día siguiente.
Conseguir transporte fue muy difícil, ya que todo estaba reservado y el pueblo era un caos. Caminamos hacia la ruta y, horas de espera después, conseguimos un transporte que nos llevaría solo hacia Tilcara. Hacer dedo no era una opción, ya que la mayoría de gente manejaba alcoholizada. Al llegar a Tilcara, nos encontramos con una multitud de gente y vehículos en las calles. No era el principio de The Walking Dead, eran los turistas en su mayor esplendor: bebiendo, tirando espuma artificial y exorcizándose de su rutina de trabajo de 9 a 5. Decidimos esperar en la ruta a otro transporte que nos llevó finalmente a Humahuaca.



 
 

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