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La puerta de entrada

Rumbo perdidoEl día 9 de febrero de 2013 partimos de Necochea a Buenos Aires para tomar el tren Retiro- Tucumán al día siguiente. Sabíamos que el último iba a ser un viaje largo, así que habíamos comprado el ticket clase pullman por la módica suma de 120$.


Fueron 27 horas de charla, tomar mate e inventar juegos al mejor estilo de “madre que debe entretener a sus hijos”, y dormir. El tren contaba con un vagón restaurant, ahí almorzamos lo más barato de la carta, afortunadamente ya que, para la cena, ya no quedaba comida. El recorrido fue una metáfora de lo que esperamos del viaje: que sea largo, lento y pausado, con momentos de reflexión y descanso, pero también de diversión y de conocer gente.

Tucuman
Los que estén en el camino, bienvenidos al tren

Llegamos en Tucumán, conseguimos hospedaje y comenzamos a averiguar para que Andrea se vacune contra la fiebre amarilla. En Tucumán visitamos la casa histórica, y vimos un espectáculo de luz y sonido que recreaba los eventos que llevaron a la declaración de la independencia Argentina de los Españoles.
El día siguiente, 12 de febrero, salimos para la ciudad de Tafi del Valle, en busca de naturaleza. El camino en bus atraviesa una zona de yungas y precipicios dignos de fotografiar, en fotos que nunca podrán reflejar la magnitud de lo que teníamos frente a nosotras. Acampamos en el camping municipal, un lugar con una hermosa vista, un poco empañada por turistas que, mientras hacían sus parrilladas, escuchaba reggaetón a todo volumen. El clima no nos acompañó y debido a lluvia, tuvimos que alquilar un bungalow. En Tafi aprovechamos los momentos de tranquilidad para hacer artesanías, dibujar o tocar la guitarra.

tren
La tranquilidad del valle

El viernes 14 de febrero salimos para Cafayate, sabíamos que se aproximaban los tonos rojizos de las quebradas y nos sentíamos emocionadas. Pero si de fuego se trata, Andrea aprovechó para tener una acalorada discusión con su agente telefónico por la falta de cobertura en la zona. Cosas que pasan, que hacen que desenchufarse de la vida sea tanto inevitable como necesario. Acampamos en un lugar muy barato llamado “El chañar”, no tendría baños limpios o un ambiente muy agradable, pero aprovechamos para economizar. Ahí vimos que había gente que prácticamente vive en los campings, comprendimos que algunos viajamos para conocer los lugares y los caminos, mientras que otros llegan y estacionan.

cafayate
Vivir sobre el camino.


 
 

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