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Bolivia: alta y radiante

Rumbo perdidoEra sábado 5 cuando cruzamos la frontera. A pesar de ser fin de semana, tuvimos que hacer cola. Los cruces a otro país siempre me resultan situaciones emocionantes, me resulta increíble ver como casi todo varía de un lado y del otro de la arbitraria línea divisoria: la gente, los negocios, el dialecto y el huso horario. Como siempre viajo con una idea de “Llegar a…” me emociona sentir que cada vez estoy más cerca de los lugares a visitar.

cementerio de trenes
Cementerio de Trenes

Cruzamos junto con Martin, un chico que conocimos en La Quiaca. Tomamos un taxi que nos llevó a la estación de trenes para llegar a Uyuni 23:50. Compramos los pasajes y nos dispusimos esperar la hora de partida, Bolivia nos había regalado una hora más. Almorzamos en un comedor y cuando fueron las 3 PM, embarcamos. Siempre consideré que hay algo muy poético en viajar en tren, quizá sea el movimiento lento, la soledad del paisaje o el ruido del transporte, pero resonaba en mi cabeza la letra del tango “…y el misterio de adiós que deja el tren”. Quizá estaba sintiendo que me seguía alejando de mi familia y de la tierra que me vio nacer. A veces eso mismo que nos da felicidad, nos causa melancolía en otros momentos.
El viaje fue tranquilo, pero en algún momento de la noche, comenzamos a sentiros descompuestas del estómago. Quizá habría sido el almuerzo, o la altura que estábamos atravesando, pero las últimas 8 horas del viaje fueron algo que no tenemos problema en tratar de olvidar. Como la mayoría de los que viajamos en el tren llegamos a la ciudad sin reserva de hospedaje, la ciudad se llenó a las 3 de la mañana de mochileros buscando donde dormir. Yo ya conocía el pueblo, así que Andy se quedó con las mochilas mientras yo buscaba donde dormir. Todos los lugares que conocía estaban cerrados hasta que, siguiendo un contingente de viajeros, llegué a un lugar donde conseguimos una habitación privada. Busqué a Andy y, a duras penas llegamos al hostal. Nos acostamos finalmente en una cama que no se movía, y descansamos. A la mañana siguiente ya nos sentíamos mejor, pero decidimos esperar un día más para visitar el Salar. Esa tarde recorrimos empresas turísticas y por 100 pesos Bolivianos conseguimos el tour de un día, nos hubiese gustado hacer el de tres, pero nos resultaba realmente caro.

hotel de sal
Uyuni Hotel de Sal

El año anterior, había recorrido Bolivia por un mes. Había conocido lugares que no planeábamos visitar este año, y me había tocado ver el Salar de Uyuni inundado. Había sido un espectáculo hermoso, un gran espejo de sal. Este año el salar estaba seco, lo que nos permitió ver a los trabajadores en su actividad, posar sobre los montones de sal, y llegar a la isla Encausa. El salar tiene 10.582 kms de longitud y resulta increíble ver el horizonte fundirse con el cielo y las nubes competir con los montones de sal en forma y blancura.

uyuni extracion de sal
Uyuni trabajadores

Volvimos al hostal para buscar nuestras cosas y salimos en un viaje de 20:00 horas a La Paz. Cargadas de pastillas Soroche, agua mineral y caramelos de coca nos disponíamos a llegar a la ciudad cuya entrada me había dejado sin aliento un año atrás. Tenía hermosos recuerdos de La Paz, y me alegraba poder volver con mi amiga. Al llegar, no podía evitar señalarle todo lo que sabía que venía ¨mira las casas ahí abajo y arriba en las montañas!¨ ¨Mira el Nevado de Illimani!!!¨ ¨Por esta ruta vas a Copacabana¨ Por acá me hospede yo¨, etc. Mi amiga escuchó pacientemente.



 
 

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